sábado, marzo 12, 2011
Una noche más oscura
jueves, febrero 24, 2011
Desprecio al conocimiento
viernes, julio 02, 2010
Esa pantalla omnipresente
viernes, mayo 28, 2010
Tú me entendiste
domingo, abril 04, 2010
El trabajo como valor
Lo que ha pasado en torno a nuestra relación con el trabajo en los últimos 10 años forma parte del núcleo de nuestros problemas no sólo económicos, sino también sociales, políticos y hasta psicológicos. En un proceso de decadencia nacional que bien podría describirse como la profundización sistemática y constante de todos nuestros defectos colectivos, muchísima gente se ha ido acercando más al negrito de El Batey que a las folklóricas imágenes de pescadores, arrieros y oficinistas de los típicos videoclips del Himno Nacional. Aquel viejo merengue dice que el trabajo, para él, es un enemigo, que se lo deja todo al buey. Pues bien, en una sociedad urbana donde casi no quedan bueyes, ese buey es el Estado, que ha tendido a intercambiar iniciativa individual por dependencia crónica; es el compañero que debe trabajar doble; o es el cliente, el usuario, el ciudadano al que se supone que se debe atender y servir, que termina haciéndose justicia por su propia mano, buscando algún "camino verde" o yéndose para no volver.
viernes, abril 02, 2010
Desarraigándonos
La severa dislocación , el descoyuntamiento de Venezuela de los últimos años la cuenta de cuándo comenzó la fractura es personal, al igual que la evaluación de esos daños, si los hubo ha comenzado a producir en algunos de nosotros una sensación de exilio, de yo no soy de aquí, de yo no pertenezco a esto.
martes, febrero 02, 2010
apoyo a nerds
domingo, enero 31, 2010
incertidumbre
¿En qué consiste esta incertidumbre? Parece ser tan omnipresente que uno no puede ni determinar dónde empieza y dónde termina. Ni siquiera es fácil explicarla, no digamos escribir sobre ella.
Pero es una característica central de la vida en Venezuela en este momento, aunque podría decirse con razón que todo el mundo está sumido en ella.
Sin embargo, éste debe ser ahora uno de los países más inciertos del planeta: no sabemos exactamente cuántos somos, cuánto petróleo vendemos ni qué se hace con esa plata. No sabemos cómo hacer para ahorrar, para invertir, para pensar a mediano o largo plazo. No sabemos cómo convertirnos en independientes, en emprendedores, en dar el siguiente paso del progreso; ni cómo crear un entorno verdaderamente seguro para nuestros seres queridos; ni cómo hallar el modo de vivir sin conseguirse problemas con un Estado que nos considera enemigos o con un sector privado al que la psicosis de supervivencia ha vuelto en muchos casos más agresivo y avaricioso.
Todo horizonte se nos ha enturbiado, ensombrecido, tanto el del futuro como el del pasado.
Tenemos sobre nosotros tantas mentiras y rumores que no alcanzamos ni a ver con claridad el mismísimo presente. De hecho, la misma incertidumbre nos ha volcado a medidas desesperadas, como a creer en especies sin ningún fundamento que nos llegan por e-mail en lugar de a una pieza periodística bien sustentada. O nos dejamos llevar por la fantasía infantil de que el pasado al que por otra parte hemos idealizado, olvidando deliberadamente lo malo que también tenía puede en un buen día restaurarse intacto; esa ensoñación late bajo esa frase común de que vivimos una pesadilla, tras la cual despertaremos para seguir viviendo como si nada. Pero no; tristemente, como en el famoso minicuento de Monterroso, cuando despertemos el dinosaurio todavía estará allí. El país cambió, irremediablemente, aunque no podemos todavía saber cuánto.
Llegará, porque siempre llega, una época en la que se despeje la humareda y podamos distinguir con nitidez el paisaje que tenemos por delante.
Podremos entonces diseñar un presupuesto familiar, abrir una empresa, estudiar con ganas, planificar algo, cualquier cosa, a cualquier nivel.
viernes, enero 29, 2010
sans espoir
Lo han notado nuestros padres, parientes y profesores universitarios: esa masiva desesperación que manifestamos los jóvenes por dejar el país apenas nos gradúemos. Desesperación que en muchos casos es compartida por nuestros padres, hartos de la inseguridad. Y pueden entender las razones que tenemos para sentirnos así. Pero no deja de ser alarmante que precisamente nosotros, en esta edad en que solemos creer que cualquier cosa es posible y que el mundo nos pertenece, que tenemos tanta energía y menos responsabilidades que los que somos mayores, hayamos decretado el fin de este país.
jueves, enero 07, 2010
31 en Tucacas
sábado, enero 02, 2010
feliz año 2010
jueves, diciembre 31, 2009
frecuencia alterada
Nos sentimos distintos, pensamos distinto. El encontrarnos con los amigos, la familia y los exiliados que vienen de visita nos suelta la lengua y cuando le cuento lo que ha sido de mi termino descubriendo en mi pasado reciente coincidencias que habían pasado desapercibidas.
Uno construye con los demás un relato del año, un capítulo nuevo de la autobiografía que mal que bien vamos redactando para consumo propio y de los interesados.
Ahí es que formulamos las famosas promesas, el dejar de fumar, la dieta y el ejercicio y lo que tendremos que hacer y el dinero que esperamos ganar, todas esas cosas que vemos enormemente factibles la noche del treinta y uno pero que empiezan a mostrarse menos factibles en la mañana del siete de enero. Pero también podemos llegar a decisiones más drásticas: sobre la pareja o la ausencia de ella, sobre la carrera, la casa, la ciudad en que se vive o se malvive, el país.
Leyendo los libros atrasados, viajando si se puede o redescubriendo la habitación propia, en estos días, siento como que abro más los ojos. Veo menos las tragedias de alrededor, o por lo menos intento hacerlo, y me veo un poco más a mi mismo.
A mí me intriga mucho esa frecuencia extraña en que nos meten diciembre y enero, el modo en que uno se siente el primer día del nuevo año, la mezcla tan curiosa que, si se está atento, aparece en el paisaje interior: algo de melancolía, algo de optimismo, conciencia de la pérdida, conciencia de lo que se puede tener que antes no se ha tenido. En estos meses, la suspensión parcial o total de las rutinas permite que esa luz fantástica que baja del cielo despejado nos fracture la cáscara que nos oculta de nosotros mismos. Lo cual puede ser agradable o no. Pero es, sin duda, una oportunidad de conocimiento y de crecimiento si se la sabe aprovechar.
Me pregunto si esa persona que uno descubre en sí mismo durante esta época es una ilusión, una personalidad alterada por las circunstancias, o por el contrario el ser más verdadero, el auténtico.
Me pregunto si uno es más la persona más lenta, reflexiva y eventualmente alegre de diciembre y enero, que la agobiada, acalorada y furibunda de mayo o septiembre. Me pregunto por qué es tan difícil sostener esa atención y esa mirada hacia dentro que podemos obtener a fin de año. Y qué pasaría si lo lográramos, si lográramos ser todo el año tan audaces para querer cambiar y ser mejores, tan dados a llamar a la gente que se quiere, y también tan despilfarradores y un poco más irresponsables. Tal vez no trabajaríamos nunca, es verdad. Pero tal vez seríamos, por otro lado, distintos, distintos para bien.
No sé, son cosas para los que no tengo respuestas sino preguntas. Será la influencia de estos días, y la sospecha que traen, de que lo que vemos es en realidad algo más.
sábado, diciembre 12, 2009
la odisea de cadivi
Hace nada cerraron el Banco Canarias en el cual yo tenia mis ahorros y mi tarjeta de credito de Cadivi. Ahora tendre que meter papeles en otro banco para sacar mi tarjeta de Credito y luego esperar 6 meses de uso para poder pedir mis cupos de Cadivi. No puedo culpar al Estado por esto, ahora me tuviese que meter con la falta de consideracion y de sentido de comunidad que se caracteriza los presidentes banqueros venezolanos ante situaciones de crisis (se robaron toda la plata).
Pero bueno a lo que voy, ya la lista de requisitos de Cadivi cada dia se pone mas quisquillosa e inexplicable (sobre todo para mis amigos extranjeros que tienen la dicha de no poder vivir aca) pero ademas esta disenada para hacerte sentir el poder de una casta burocratica que pareciera odiarte desde entrada, como si hubieras hecho algo gravisimo, un misterioso pecado original. Que es no te gusta tu pais?, parece decirte el Estado.
Es una normativa cada vez mas engorrosa que cambia con desesperante frecuencia, forzando a toda la nacion a seguir su paso de elefante enloquecido. Y a ti, a preguntarte si estas cometiendo algun crimen por querer viajar unos dias a otro pais. Crimen que comenzaste a expiar con la lucha para obtener un pasaporte y que, si logras tomar ese avion, te acompanara en la angustia que sentiras cada vez que entregues la tarjeta de credito para pagar una cuenta, sin saber si pasara o no.
El relato de la "odisea de Cadivi", con sus anecdotas de gente gritando fuera de si en el banco y de empleados abrumados por los insultos que reciben de ocho y media a tres y media, se ha instalado entre nosotros como el del conductor violente, el del trafico inviable o el la sociedad peligrosa. emas muchos mas importantes que este? Cuantos venezolanos en realidad necesitan esos dolares para viajar al exterior? Eso podria discutirse. Pero el asunto de los dolares etos afecta a toda la economia, a la de quienes viajamos con frecuencia por lo menos (sin hablar de las importaciones necesarias en un pais que solo se produce Petroleo).
Cadivi te obliga a callarte y aguantar porque tienes un bozal de arepa; esos dolares estan subvencionados. Un bozal de arepa obligatorio, porque de los otros dolares no se puede ni hablar. Te impregna de burocratismo, intenta hacer de ti un funcionario necio y un poco sadico. Te inocula la logica del tu sabes como es todo, del ayudame con algo, de la suspension de la transparencia y la razon a favor de lo imprevisible y lo caprichoso, ese pantano innavegable en el que no tienes mas que renunciar o acceder a la sonrisita, el chocolatico, el mi amor, la resignacion. O te la calas y te adaptas, o no viajas.
Es la "organizacion" del Estado. Cadivi nos dice que el poder de ese Estado nos alcanza en Caracas o en Estambul. Y nosotros, sin saber que mas hacer, nos adaptamos.
miércoles, noviembre 11, 2009
Oración a San Marcos de Leon
San Marco Bravo de Leon, bravo en el monte, vos que dominasteis la daga y el dragon, quiero que amanses el corazon de la Profesora Ana Teresa Fleitas y el Profesor Juan Carlos Vielma.Ah San Marcos! Bravo en el monte, vos que amansasteis tigres, leones, serpientes y panteras por este gran poder que Dios te dio, pido que si por justicia, ellos quisieran hacer alguna traicion me los pongas mansos y humildes, asi como Santa Maria puso a la serpiente, por tu gran poder, por la verdadera magia que tienes.
Oh poderoso Santo, quiero que me los devuelvas manso y humilde hasta el ultimo dia de su gloria (o por lo menos hasta el 26 de noviembre).
Amen.
domingo, octubre 25, 2009
C'est suffix
It's been five years. And now it's the beginning of my future. The beginning of another chapter of my life.El capitulo se cerro hoy, en ingles se le dice Closure. Y significa cerrar un ciclo, un capitulo, enterrar y olvidar (con la ventaja de conservar lo aprendido) y hoy me arme de valor y con el dolor en el corazon hice algo que debia haber hecho hace dos anyos. Lo hice. Y me siento bien, estoy tranquila y muy feliz. Fue algo muy bueno para todos. Siento haber recibido un buen karma. Hay que vivir el presente, el ahora. Ser feliz con lo que tengas a mano pero sin dejar de planificar, de sonyar, de organizar, se que queda un pelo de tela por cortar, pero cada vez menos.
Y ahora que? La vida sigue.
viernes, octubre 23, 2009
Tres en una moto
Voy bajando hoy al mediodia, justo a la hora en que terminan clases los colegios, y salen los chiquillos corriendo por ahi. Recorde cuando mi papa me buscaba, hace unos 8 años atras, y me enfurecia si me dejaba esperando mucho tiempo. Ahora corre el segundo mes del año escolar 2009-2010 y hoy el sol ametrallaba las carrocerías de los carros atrapados en una de las muchas colas que en ese momento se habían formado en la Av. Las Americas. Ésta en particular no era de las más graves, entre Los Samanes y La Trinidad. Había camiones de reparto obstaculizando la visión de los semáforos, conductores impacientes que corneteaban en vano y uno que otro motorizado que serpenteaba como podía entre los vehículos de cuatro ruedas e, incluso, de vez en cuando, se pasaba al canal contrario para superar la tranca. Ella apareció despacio, casi centímetro a centímetro. Nunca le vi la cara, sino los brazos, el casco, los zapatos atentos sobre el asfalto, suspendidos como las puntas de la vara de un equilibrista. Iba sobre una moto roja y tenía, delante de ella, a un niño de unos cuatro años en uniforme escolar, con su morral delante del pecho y un casco negro cuya tira le apretaba el mentón. Y detrás, una niña algo más grande, con un bolso rosado de Barbie, pantalón de mono azul y una cola de cabello castaño oscuro cayendo sobre su franelita blanca.
Esa madre no practicaba la audaz agresividad de los demás motorizados. No tomaba ningún riesgo.
Prefería aguardar bajo el calorón a que la cola se moviera. Pude observarlos durante un largo rato, mientras la fila se diluía lentamente a medida que el semáforo de unos pocos metros más adelante liberaba a algunos carros hacia las otras vias. Ella no le pegó al retrovisor de nadie, no se comió la flecha, no hizo ninguna pirueta de las que hacen que un motorizado aparezca a la izquierda de uno por arte de magia (y que hace que se molesten tanto cuando el conductor, comprensiblemente, no logra adivinar que ellos surgirían por allí de un segundo a otro). Ella esperaba, con sus dos niños abrazándola, aguantando con ella la hostilidad del mediodía, seguramente cansados, sedientos, con hambre. No parecía una mujer particularmente aventurera, que haya recorrido en moto todas las playas desde Pui Pui a Los Cocos, sino una madre más que no encontró otra opción para buscar a sus chamos en esta ciudad, que comprarse una moto y tres cascos, y armarse de valor.
Otro motorizado que llegó junto a ellos pegado del canal contrario se detuvo delante de la madre y le pidió con señas que se detuviera, para hacerle fotos con el celular. No sé qué le dijo. Esperó un momento junto a la familia y luego siguió adelante, desapareciendo con rapidez. Ella, en cambio, siguió optando por lo seguro, sin mirar a los lados, pendiente del semáforo, de los costados, de los imponderables. Con todos los sentidos alerta pese a que estaba en una de las zonas más prósperas del país. Hasta que llegó la oportunidad de avanzar sin riesgos, ella ganó un par de cuadras más y luego cruzó a la izquierda para ascender por una cuesta, una delgada calle llena de curvas que los llevaría a casa.
Y yo me quedé pensando en esas madres que han buscado el modo de adaptarse a esta vida cotidiana nuestra que consiste en vencer obstáculos desde la mañana hasta la noche, de lunes a domingo, una vida de colas, de retrasos, de negativas, de minúsculas, interminables batallas. Me quedé pensando en esa mujer con sus dos muchachitos protegidos y pendientes, bajo el sol, calculando cada paso. Me pareció que eran un símbolo de lo que estamos viviendo. Un símbolo de (casi) todos nosotros.
lunes, octubre 05, 2009
La partida
De unos meses a esta parte, creo que no pasa un mes sin que sepa que alguna persona que conozco parte del país. Me he ido acostumbrando a escuchar la noticia, me he familiarizado con su gramática. "Me voy". O "nosotros nos vamos". Cuando oigo la frase, de pronto, en medio de una conversación, o la leo en un mensaje de Internet, no necesito preguntar qué es lo que me quieren decir, porque tiene un tono reconocible, una música particular, en la que no encuentro júbilo pero tampoco miedo. Encuentro resignación, rabia, frustración y, a veces, alivio. Pero es una noticia que se da desde una decisión firme. Los destinos son bastante diversos. México, el DF o una ciudad secundaria. Barcelona, Madrid. Bogotá. Ciudad de Panamá. Algún lugar de Estados Unidos, que va desde Nueva York hasta Tucson o incluso El Paso. Londres. El mecanismo por el que se produce el exilio varía entre el postgrado o la oferta de trabajo, que incluso en recesión global algunos consiguen.
Mucho menos variados son los motivos: "Nos cansamos de la inseguridad", "nos cansamos del gobierno", "esto no tiene remedio". Y aún menos varía la clase de gente que se va: estudiantes aventajados o profesionales de entre 23 y 40 años, sobre todo, al menos en mi experiencia; gente muy bien capacitada, muy trabajadora, muy responsable. Gente que sabe que hay que detenerse ante un semáforo en rojo y que hay que usar el cinturón de seguridad. Que no roba y que cree en el progreso, al menos en el progreso individual y familiar. Justamente por esto último es que decide irse, porque cree que en Venezuela no es posible conseguirlo.
La revista Newsweek, que leen millones de personas en todo el mundo, publicó un reportaje sobre el tema, que tuvo en su tapa. Aquí, me parece, se habla muy poco de eso, aunque lo veo cada vez con más frecuencia en artículos de opinión y en una que otra nota que produce algún medio. Es un tema más privado que público, que no es masivo como en países como Ecuador o Colombia, pero que está alcanzando niveles alarmantes, porque Venezuela está perdiendo a parte de su mejor gente.
Me parece que hay que dejarse de consignas patrióticas que no ayudan a nada y que hay que mirar el asunto a la cara, enfrentarlo. Reconocer que aunque allá afuera hay un mundo muy distinto a éste y que en muchos casos puede ser bastante hostil, también hay posibilidades que en este momento son nulas o muy reducidas en nuestro país, muchas de las cuales no son nada espectaculares sino simples, modestos indicadores de calidad de vida que alguna vez nosotros también tuvimos (aunque nunca los tuvimos todos).
He visto encuestas recientes en las que la mitad de los consultados dicen que la situación nacional está bien. Yo no entiendo cómo pueden llegar a semejante conclusión. Frente a ellos, estamos millones de venezolanos que no estamos nada conformes. Y que ante nuestra inconformidad y nuestra tenaz incapacidad para satisfacerla, año tras año, nos estamos haciendo preguntas que antes no nos habíamos hecho. Creo que hay que hablar de esas preguntas. Creo que no hay que avergonzarse de eso. Creo también que quien decide quedarse y luchar tiene todo el derecho de hacerlo y nadie puede criticarlo por eso. Pero en todo caso, reconozcamos que muchos están por anunciar, también ellos, su partida.
domingo, agosto 09, 2009
El reino de los mediocres
Pasa en todos los estratos socioeconomicos, en las grandes ciudades y en los pueblitos. En el sector público y la empresa privada. Pasa en los palacios de gobierno, en las universidades, en las ONG, en las iglesias, los restaurantes, las líneas de taxi. Pasa en las aulas de clase, desde primer grado hasta los estudios de postgrado. Pasa en el hogar. Pasa en Venezuela en todos lados. Y pasa también en el exterior (sólo que hay países que no se entregan a su peor gente). Es una enorme conspiración de los mediocres que se extiende por doquier para ahogar a la inteligencia y al talento. Una política sistemática que se vuelve más sofisticada con los nuevos tiempos y que aprovecha todo recurso a su alcance, aunque viene dándose, tal vez, desde 1498. No es exclusiva de estos tiempos terribles, aunque ahora vive unas condiciones ideales que se han explotado y promovido desde lo más alto.
A Venezuela no la están invadiendo ni los cubanos ni los gringos: se la están comiendo los mediocres. La están sofocando en un pantano de mentiras compulsivas, de operaciones morrocoy, de negocios turbios que involucran desde una resma de papel robada en la oficina o una vacuna disfrazada de limosna a cargo del "bien cuidao" de la acera, hasta la pérdida de la rendición de cuentas con las reservas internacionales. E insisto, no es un asunto sólo político, ni son los únicos los chavistas.
Los mediocres se han unido para invertir los significados de las palabras, borrar los linderos entre lo lícito y lo ilícito, despojar a la ambición individual de todo lo que no sea acumulación de signos de riqueza y frustrar la instalación de los mecanismos del sentido común: el respeto a las leyes consensuadas, la resolución de problemas por la vía del diálogo sincero y el progreso de quienes trabajan con seriedad y acumulan conocimiento productivo.
Los mediocres tienen una economía muy bien desarrollada, que reemplaza a la economía real y la maneja desde adentro, como un íncubo, un Mr Hyde. Usan la democracia para asfixiarla y deformarla. De hecho, ése debe ser el mayor defecto de la democracia: que la apertura que constituye su esencia permite el acceso de los ignorantes y los sinvergüenzas al poder. Los mediocres tienen una institucionalidad que les funciona, una estructura que pervive y que, paradójicamente, lleva su ingenio, su "talento": es el producto de una inteligencia colectiva dirigida al mal.
Fíjense cómo se les enseña a los niños a ser mediocres, en tantas escuelas y colegios: repite lo que te repite el profesor y pasarás; punto. Fíjense cómo prosperan los mediocres en los centros de trabajo con sólo halagar al jefe, como en la serie The Office. Así llegan a dominar una nación entera.
Y los demás, cuando no luchan, se aíslan o se van. Dejando a los mediocres sin resistencia, a sus anchas. Entonces, el reino de los mediocres celebra su victoria de cada día haciendo ruido para no pensar, cobrándote hasta por saludarte, rayando las circulares en los ascensores o quebrándote la paciencia en las taquillas burocráticas.
Pero tiene que haber un modo de derrotarlos. E incluso de vaciar sus filas, de reducirlas por lo menos. Tiene que haber un modo de que los mejores tengan más influencia sobre nuestro destino. Y de que el talento individual, el esfuerzo de los dignos, alcance el lugar que se merece.
domingo, junio 21, 2009
Irán con ojos venezolanos
Irán y Venezuela no podrían ser países más diferentes. Piadosos chiíes, rezos diarios y ley seca en uno; rumberos caribeños, salsa y mucho ron, en el otro. Las iraníes con trajes y velos que todo lo cubren; venezolanas con biquinis que todo lo descubren. Irán es república islámica y Venezuela, república bolivariana. El jefe supremo de Irán es un clérigo poco amigo de hablar en público. El de Venezuela no para de hacerlo y le anuncia por televisión a su mujer que se prepare, porque al llegar a la casa le "va a dar lo suyo". Mientras que la civilización persa es una de las más antiguas de la humanidad, la historia de Venezuela es, digamos, algo más breve. En fin, la lista de diferencias es larga: estos dos países no deberían tener nada en común.Pero lo tienen. El parecido es tal, que la experiencia venezolana aporta interesantes claves para entender la crisis iraní.
Las imágenes de las marchas de la oposición en Teherán -multitudinarias, pacíficas, sin jerarquía clara y con la participación de gente de todas las edades y estratos sociales- son idénticas a las que solían ocurrir en Caracas antes que el Gobierno y la frustración las asfixiaran. Oír la desesperación en la voz de los jóvenes iraníes es oír las de los estudiantes venezolanos que llenaron el vacío político creado por una oposición largamente ineficaz. Y oír a Mahmud Ahmadineyad decir que quienes protestan su victoria son sólo un "polvillo irrelevante" es oír a Hugo Chávez llamando "escuálidos y vendepatrias" a los millones de venezolanos que no votan por él.
Ver los vídeos de los basiyís, las milicias islámicas, disparando a mansalva contra quienes marchan pacíficamente reclamando una elección limpia es volver a ver el vídeo donde las milicias chavistas -plena-mente identificadas- disparan contra opositores desarmados. Los motociclistas que recorren las calles de Teherán repartiendo bastonazos se parecen demasiado a los que aparecen cada vez que la oposición sale a las calles de Caracas. Enterarse de que el Tribunal Electoral iraní es un apéndice del Gobierno de Ahmadineyad es recordar que el jefe de ese mismo organismo en Venezuela, después de las elecciones, pasó a ser el vicepresidente del Gobierno cuya victoria había certificado días antes.
Tanto Hugo Chávez como Mahmud Ahmadineyad llegaron al poder gracias a su mensaje de lucha contra la corrupción y la desigualdad y por las esperanzas que generaron entre los más pobres. Sin embargo, en Irán y Venezuela la magnitud de la corrupción es hoy sólo superada por la impunidad con la que operan los corruptos del régimen. Los dos líderes han facilitado una fastuosa acumulación de riqueza en manos de una nueva élite. Y gracias al petróleo se pueden dar el lujo de ocultar que han devastado sus economías. Sus tasas de inflación están entre las más altas del mundo y las dádivas gubernamentales y el empleo público improductivo son la única esperanza de ingreso para millones de familias iraníes y venezolanas.
Pero los parecidos van más allá de la economía. Si Ahmadineyad apoya a Hezbolá, Chávez apoya a las FARC. Mientras Ahmadineyad intenta controlar Líbano, Chávez lo hace con Bolivia. Ambos sueñan con presidir una potencia regional. Ahmadineyad promete la desaparición del Estado de Israel y la caída del Gran Satán. En Venezuela, donde no se sabía qué era el antisemitismo, ahora se profanan sinagogas y Chávez se queja de que el estrado de Naciones Unidas donde le tocó hablar después de George Bush le huele a azufre satánico. El Gobierno venezolano es hoy más hostil hacia Israel que los de Egipto o Libia.
De todas las semejanzas, quizás la más sorprendente es la obsesión de ambos regímenes por parecer democráticos, plurales y progresistas. Esto no les es fácil, ya que en sus prácticas cotidianas son autoritarios, sectarios y militaristas; 14 de los 21 ministros de Ahmadineyad son miembros de la guardia revolucionaria o de las milicias basiyís. Los gobiernos locales, las empresas públicas y cientos de entes públicos son manejados por guardias revolucionarios compañeros de Ahmadineyad. Exactamente lo mismo pasa en Venezuela, donde la militarización del Estado es una característica fundamental y donde familiares, socios y camaradas de armas del presidente dominan todas las esferas del poder.
En ambos países, los violentos están en el Gobierno, no en la oposición. Tanto en Irán como en Venezuela, son las milicias gubernamentales quienes detentan el monopolio de la violencia como instrumento político. Pero lo esencial es entender que, en Irán y Venezuela, las elecciones no significan el posible cambio de un presidente por otro. Significan la posibilidad de sacar del poder a quienes han decidido perpetuarse en él. Y eso no es fácil. No lo ha sido en Venezuela; no lo será en Irán.
sábado, abril 18, 2009
Silvia Sophia se nos casa...
Mis amigas y yo nos enteramos que este maravilloso y abrumante acontecimiento ocurriría pronto, yo regresaba de mis vacaciones con mi abuela y ella regresaba de sus vacaciones en Cancún, y nos dijo con lagrimas en los ojos que su futuro esposito le había propuesto matrimonio con anillo incluido y fecha en mente, el pasado 21 de agosto del 2008. Y ella no ha tenido ni que pensárselo, ha aceptado sin mas.Para cada una de nosotras su decisión nos hace pensar en muchas cosas, nos hace plantear muchas preguntas, que hasta ella misma se las plantea tales como: ¿no estará muy joven nuestra amiga para casarse?, ¿no debería de esperar un poco, quizás hasta que se gradué?, ¿no sera solo un impulso del momento por su situación idílica del amor?, ¿como sabe ella que con este chico es con quien quiere pasar el resto de su vida?, al analizar tal situación, para buscarle una explicación, llegamos por supuesto a la pregunta que todos nos hacemos pero que cada uno tiene una respuesta diferente y que puede ser relativa dependiendo de muchos factores: ¿que es el amor? así que para cuando se le encuentre racionalización al amor es cuando podremos entender y responder.
La situación está en que el está perdidamente enamorado de nuestra querida amiga y con su alto nivel de perseverancia, insistencia, su inmenso sentido de familia (origen vasco) y su gran sentido de humor, ha hecho que nuestra Silvia en menos de dieciocho meses haya decidido tomar ese gran paso en su vida, y aceptado el tremendo desafío que ambos están asumiendo. Solo pensar en esto me entran unas inmensas ganas de llorar por lo emocional que me pongo. Es tremenda la alegría que invade mi alma y se me pone hasta la piel de gallina solo pensar en el momento que ellos expresen sus convicciones en compartir el resto de sus vidas juntos. Y no es por nada, pero mi intuición dice que ellos duraran por siempre, que no se separaran, que serán tan felices como perdices, esta intuición viene acompañada por supuesto de todas las pistas que ellos nos brindan: verles la cara de tórtolos y sus ojos de enamorados, el respeto con el que se tratan, lo justito que se reprochan y la infinidad de besos que se dan.
Lástima que no podré tomar fotos, se extravió mi cámara en la despedida de soltera de mi amiga, pero seguro que cámaras sobraran y los buenos recuerdos los llevare siempre conmigo. Así que nos preparamos unas semanas para celebrar junto con sus familias y las amigas por la felicidad y prosperidad de ellos.
jueves, marzo 26, 2009
Echo de menos a mis hermanos

Si es que esta llegando una recesion economica y que habra que apretarse los pantalones, estoy segura que en mi caso con la comida no tendra que ser asi por mucho tiempo, hasta que mi hermana regresa de la India por lo menos.
Regresa pronto hermanita, Duquesa y Condesa te echan mucho de menos.
jueves, febrero 05, 2009
Diez años
El reflejo de algunos venezolanos, no de todos, es responder con desaliento a la pregunta de qué han significado para nosotros los últimos 10 años en Venezuela. Seguramente diran lo mismo unos cuantos habitantes más de este planeta. No hay que recordar cuántas cosas aterradores han sucedido desde 1999 para acá, o cuántas buenas expectativas se frustraron sobre el rumbo que tomaría Venezuela o el mundo. No veo cómo no podamos anotar como una ganancia para todos esos avances técnicos, así como los que nos ahorran viajes al banco y colas en el cine, o nos permiten en ciertas circunstancias trabajar desde casa o desde la playa.
Hay que considerar también el progreso técnico en la medicina y las posibilidades que ofrece la investigación en torno a las células madre; el enriquecimiento, pese al lado malo de la globalización, del menú cultural al que tenemos acceso en la televisión por suscripción o cualquier buena librería venezolana, mucho mejor surtida que en el pasado.
Sobre todo, creo que las sacudidas de los últimos 10 años nos han enseñado muchas cosas. A nivel global, nos han permitido darnos cuenta de la magnitud del problema ambiental y de que el cambio climático es real; nunca, como ahora, ha estado más extendida la sensibilidad en torno a la necesidad de mejorar nuestros patrones de consumo y de detener la destrucción de la biosfera, pese a que queda muchísimo por hacer y muchísima gente por convencer. Creo que, aunque persistan tantos conflictos, hay un poco más de consenso en torno al valor de la democracia como el menos malo de los sistemas de gobierno, y hasta me parece positivo el que se haya matizado la celebración casi universal del capitalismo que había en 1999, que haya hoy más personas argumentando con seriedad en cuanto a que deben moderarse sus excesos y corregirse sus muchos defectos.
En cuanto a Venezuela, estos años nos han enseñado mucho sobre nosotros mismos, nos han ayudado a despejar algunas de nuestras más antiguas mentiras colectivas. Sí, claro que seguimos cayéndonos mucho a cobas sobre lo que somos o lo que tenemos e incluso confundiendo ambas cosas, que lo que somos es lo que tenemos. Pero estoy seguro que unos cuantos de nosotros se han preocupado por aprender, por comprender y por reflexionar, que han progresado mucho espiritual e intelectualmente, y eso lo veremos cuando llegue la reconstrucción de nuestro país.
jueves, noviembre 20, 2008
Xenofobia en Caracas hacia venezolanos
Tuve que pasar un par de días por Caracas porque tenía cita en la embajada americana. Cuando llego el tan esperado dia, me presente a mi cita con una mezcla de tranquilidad y angustia, la respuesta del oficial que me atendió fue negativa, que no califico para una visa de turista de los Estados Unidos de America.La verdad es que he tenido que hacer demasiados trances por culpa de los benditos pasaportes extraviados que a veces me pregunto si vale la pena.
Pero como al final en Estados Unidos se encuentra el 50% de mi familia (California, Colorado, New York, Florida, Texas, Minneapolis, Pennsylvania, Connecticut, Massachussetts, Illinois, New Jersey, etc) no me queda otra que sacar una visa si los quiero visitar.
Así que tuve que hacer la guacharanga de sacar una visa americana, primero pagas la cita que haces por telefono (con los preciados cupos de CADIVI), te la dan para dentro de 6 meses, esperar 6 meses para recolectar toda el papeleo que me hace falta (con el trabajon burocratico de este país), luego decirle a mi tía que iré a incomodarla un par de días a su casa y por fin, llega el esperado día, y me la negaron, me dieron ganas de llorar, pero igual se me ocurrio preguntar algo muy importante así que le dije "Señor, el próximo año seré española y tendré pasaporte español, ¿Influirá que Ud. me haya negado la solicitud en mi pasaporte español?" el oficial no supo contestarme. Muy politely le dije "Thank You", me dí la vuelta y llamé a mi tía, y me consolo diciendo "C'est la vie".
martes, noviembre 18, 2008
El sindrome de Bogota
No sé a cuántos les puede estar pasando, pero en mi experiencia, son ya unos cuantos. Por trabajo o por placer han pasado por Bogotá y vuelven encantados. Cuánta limpieza, cuánto orden, cuántos policías por doquier. Qué ricas son las frutas, qué agradable es el clima, qué bonitos los edificios de ladrillo, el barrio histórico de La Candelaria y el Museo del Oro. Y sobre todo, qué cortés es la gente, qué bueno el servicio en todas partes, qué educada cada persona desde el botones hasta el taxista, desde el funcionario de inmigración en el aeropuerto hasta la chica que me hace comprar tres pares de botas de cuero. Ninguna de esas apreciaciones me parece exagerada ni injusta. En efecto, la capital colombiana tiene zonas muy agradables donde se respira un orden y una tranquilidad bastante exóticas para un habitante de Caracas, Valencia o Maracaibo. Por supuesto que las frutas son maravillosas y que, por lo general, la gente es amable y uno se complace con esa cortesía virreinal que tanto contrasta con la informalidad del Caribe, esa informalidad nuestra que, como sabemos, degenera con mucha frecuencia en la mera falta de respeto. Uno percibe que los bogotanos quieren trabajar y quieren trabajar bien, que quieren a su ciudad y a su país, y que allá hay un gobierno interesado en que eso pase.
Lo que me llama la atención es cómo estas apreciaciones producen una decisión más compleja: irse a vivir a Bogotá. Se está extendiendo entre el grupo de la población venezolana que ya no se halla en el país o que está harta de la delincuencia o la inseguridad en todos los ámbitos, y que tiene cómo exiliarse. Una aproximación parcial a esa ciudad induce a algunos compatriotas a pensar que allá encontrarán una vida casi ideal. Es lo que pasó en un momento con Costa Rica, lo que sigue pasando con Panamá y lo que ha comenzado incluso a pasar con Perú. Sin saber mucho sobre esos sitios, algunas personas viajan allá con bajísimas expectativas iniciales y se encuentran con ciudades que tienen prosperidad, cultura y buenos gobiernos. Cuando esa primera impresión se mezcla con un coctel emocional en el que se han ligado la angustia por la situación venezolana y la necesidad de huir de ella ante la imposibilidad de vislumbrar una solución a corto plazo, surge a veces esta medida de partir a Bogotá para encontrarse un nuevo destino.
Pero las cosas pueden no salir nada bien. Porque bajo la cortesía andina, está también la desconfianza. Y detrás de los centros comerciales con tiendas de marca, hay una crisis económica en la que no sobra el empleo. Porque ese síndrome de que Bogotá es un impulso, a veces es un salto al vacío. Es cierto que la capital colombiana tiene muchas virtudes, pero también muchísimos problemas, como el país entero. Yo no puedo negar a estas alturas que la opción de dejar Venezuela tiene mucho sentido, pero una decisión tan relevante no puede tomarse en una chiva rumbera ni un tour de compras.
Lo que deberíamos ver es cómo Bogotá ha salido adelante pese al conflicto armado y la pobreza.
Cómo nuestros vecinos tratan de reconciliarse consigo mismos y cómo han apostado por el esfuerzo y el trabajo. Unos días en Bogotá podrían darnos ideas sobre cómo una sociedad, no sólo un gobierno, puede hacer un esfuerzo colectivo por estar mejor.
domingo, noviembre 09, 2008
Viaje a Bogotá
Me fui a Caracas anoche y estoy llegando a Bogotá, como ya es tarde, y el internet sale gratis, voy a describir como viví una experiencia extraña ésta mañana en Caracas. La insólita experiencia de conocer una buena obra de gobierno se produjo cuando fui a la nueva sede del mercado municipal de Chacao. Manolito me llevó.Fue lo único que me dio chance de hacer turisticamente. Pero primero quise pasar por la antigua sede, adonde fui varias veces. El mercado viejo tenía un encanto cuando iba, por el ambiente y todo lo que conseguía ahí, pero en realidad, no es más que un galpón caluroso, sucio y deprimente que se construyó como solución improvisada. Dentro de él siguen trabajando los pocos comerciantes que no quisieron mudarse al nuevo, con distintos argumentos (el más reciente, bastante absurdo, es el de la defensa de una tal "tradición oral") y que, hay que decir, son chavistas.Chavistas en este caso preocupados por el valor patrimonial que el IPC le da a ese galpón; chavistas que han respaldado a las mismas autoridades que permitieron la devastación de Sabana Grande y del Centro Simón Bolívar, entre muchas otras cosas, y que no han reconstruido Vargas a casi 10 años del deslave. Esos comerciantes siguen en el mercado viejo y vacío, aunque tienen puestos esperando por ellos en el nuevo. Y el nuevo es verdaderamente distinto: es fresco y amplísimo, de concreto y ladrillo, con mosaicos y luz por todas partes, con locales en los que uno podrá comer platos hechos con ingredientes que se venden cuatro pisos más abajo y mirando El Ávila.
Un mercado donde debe provocar trabajar y donde sin duda provoca comprar, donde las mercancías se ven mucho mejor y resisten mejor nuestro clima, y que cuenta con una terraza para que uno mire el cielo y respire. El nuevo mercado de Chacao expone muchas cosas, aparte del relámpago de limpieza y modernidad que tanto contrasta con lo que pretenden defender los chavistas que se aferran al viejo. Significa que un equipo municipal electo dos veces invirtió el dinero público en una obra pública,donde la gente trabajará, producirá y se encontrará con sus clientes y vecinos. Implica la revalorización de las cuadras adyacentes, una zona en la que muchos empresarios inteligentes querrán invertir en cafés, librerías o restaurantes. Y sobre todo, la materialización de que no todo está perdido, de que todavía hay quien construya beneficio colectivo. Es una obra tan buena como el Hospital Cardiológico Infantil y el tren del Tuy, a cuyos responsables hay que agradecer también. Y ojalá haya más mercados como éste, fuera del oriente rico de Caracas. Ése es el país que quisiera ver crecer.
martes, septiembre 02, 2008
La Gente que me gusta
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite, huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios. Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de si, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio. Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto. Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.A éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada. Me gusta la gente que con su energía contagia. Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera. Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata. Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. La gente que lucha contra adversidades. Me gusta la gente que busca soluciones. Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni como lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen. Me gusta la gente que tiene personalidad. Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mi me doy por bien retribuido.
Y a mi me gusta Pierre también (el de la foto).








